Actualmente ¿La figura paterna es importante?

Numerosos estudios concluyen que la presencia activa y estable del padre y una relación cercana con este tienen un gran impacto sobre la formación de la autoestima de los hijos, porque satisface necesidades psicológicas.

Actualmente muchas mujeres han caído en denigrar al hombre a tal grado que se piensa no son indispensables ni para ellas ni para sus hijos, sin embargo hay hombres que bien quieren cubrir ese papel fundamental en la vida familiar.

Una de las mayores expectativas en la educación de los hijos es ayudarles a formar una imagen positiva de sí mismos. Sentirse capaces, experimentarse como seres valiosos, competentes y merecedores de logros, son la base de una personalidad sana y equilibrada y, por lo mismo, del éxito en la vida.

Numerosos estudios concluyen que la presencia activa y estable del padre y una relación cercana con este tienen un gran impacto sobre la formación de la autoestima de los hijos, porque satisface necesidades psicológicas profundas de los niños y adolescentes, que responden a tres preguntas fundamentales: ¿Quién soy?, ¿a qué pertenezco? y ¿de qué soy capaz?

El padre tiene un papel fundamental en la construcción de la identidad en los hijos. Es el primer modelo de hombre que tienen y cuando esta identificación tiene lugar de manera adecuada, los niños y jóvenes tienen mayores posibilidades de estructurar plenamente su identidad masculina o femenina.

La imagen que un niño tiene de sí mismo está muy vinculada con el concepto que el padre tiene de él. En general, los padres son más pragmáticos y tienen una imagen más realista de sus hijos, con sus cualidades y limitaciones.

Cuando los padres toman el tiempo suficiente para hablar y escuchar a sus hijos y están conectados emocionalmente con ellos, estos se sienten valorados, importantes y tomados en cuenta, y experimentan una sensación de apoyo y soporte.

Por otro lado, el padre también imparte disciplina. Si esta se ejerce de manera equilibrada, los hijos asimilan claramente las normas de comportamiento, tienen más autocontrol, tolerancia y sobrellevan mejor la frustración.

Existe una estrecha relación entre un papel activo del padre y una mayor capacidad de los hijos para administrar positivamente los éxitos y los fracasos, defender los derechos y posturas propias, atender de manera positiva a sus necesidades y enfrentar efectivamente las dificultades.

Actividades que fortalecen la relación padre-hijo:

  • Jugar con ellos, hacer deporte, conversar o leer.
  • El sentido del humor, el optimismo y las actitudes positivas.
  • Mostrar interés genuino y consideración por sus deseos y necesidades.
  • Valorar y destacar el esfuerzo, no solo los resultados.
  • Respetar sus puntos de vista y expresar orgullo por sus logros.
  • Exigirles lo esperado para su edad y personalidad.

 

Alfonso Martínez
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Los efectos de una crianza permisiva

La actitud y el comportamiento de los padres frente al proceso educativo de sus hijos están muy relacionados con la manera como estos asumen sus responsabilidades.

La actitud y el comportamiento de los padres frente al proceso educativo de sus hijos están muy relacionados con la manera como estos asumen sus responsabilidades, se relacionan con otros y acogen de manera positiva la autoridad. Es cierto que los niños necesitan el cariño y apoyo incondicional de sus padres; el afecto y el amor son esenciales en su desarrollo. Pero muchas veces en aras del amor que se tiene a los hijos se les da más de lo que necesitan y se les exige menos de lo que pueden dar.

Existe un alta probabilidad de que una crianza de excesiva permisividad o sobreprotección lleve a que los niños desarrollen actitudes caprichosas, egoístas y centradas en su satisfacción personal. Cuando los niños y jóvenes no tienen claros los límites tienden a tener actitudes de inmadurez, poca tolerancia y baja resistencia a la frustración. Se corre el riesgo de que se conviertan en personas caóticas que chocan consigo mismos y con su entorno social. Siempre estarán explorando hasta dónde pueden llegar y lo más probable, es que sin ayuda no logren convertirse en adultos capaces y responsables.

Permitir que los hijos actúen siempre según su parecer hace que les cueste mucho trabajo ponerse en el lugar de los demás y muy probablemente tendrán mayores dificultades más adelante para trabajar siguiendo reglas o para enfrentar situaciones incomodas para ellos. Mantener esta forma de crianza puede llevar a que en el futuro los jóvenes desarrollen comportamientos agresivos, irresponsables y transgresivos. Esto afecta de manera directa diferentes campos de su vida como la relación con su familia, los amigos y su desempeño en el colegio. En este último aspecto por ejemplo, la baja capacidad para sortear con éxito los obstáculos y el poco reconocimiento de las obligaciones con otros pueden hacer más difícil su proceso de aprendizaje.

Los padres pueden permitir a sus hijos tomar decisiones y dejarlos experimentar en ciertas circunstancias para que aprendan por sí mismos, a partir de sus propios errores. Sin embargo, eso es diferente a satisfacer todos los caprichos de los niños, dándoles opciones ilimitadas porque desean que ellos no tengan sus mismas carencias o porque creen que deben darle gusto en todo como una muestra de afecto. La indulgencia y las complacencias excesivas, así como el cambio permanentemente en las reglas y las sanciones acordadas, transmiten la idea de que es poco importante el cumplimiento de los deberes, de los compromisos o de la consecución de metas.

La disciplina forma valores como la responsabilidad, el autocontrol y la cooperación. Algunas actitudes contribuyen para formar niños menos caprichosos y más seguros de sí mismos.

  • Dar a los hijos una guía clara de lo que es correcto o no hacer.
  • Explicar claramente las normas de convivencia y la razón de los límites que se imponen. Las reglas deben ser pocas, comprensibles, razonables, cumplibles y sostenibles en el tiempo.
  • Mostrar al niño las consecuencias de su acción cuando comete una falta. Más que reforzar su culpabilidad, se trata de ayudarlo a reflexionar, corregir los errores y realizar actos reparadores.
  • Evitar satisfacer todos sus caprichos. Esto le ayuda a entender que es preciso esperar y aplazar los deseos y las necesidades.
  • Ser constante y consecuente con las exigencias disciplinarias.
  • Establecer acuerdos entre los padres acerca de la educación de los hijos para evitar desautorizarse en presencia de ellos.
  • Estimular las conversaciones francas y abiertas en las que todos participen para generar cooperación y compromiso de parte de los hijos.
  • Ante todo, ser un buen ejemplo de aquellos valores que deseamos promover en sus hijos.

Referencia: Inteligencia familiar.com

Alfonso Martínez
Naturista y fitoterapeuta

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